Apocalipsis XXI
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 Lucifer

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Lucifer



Cantidad de envíos: 1
Edad: 24
Fecha de inscripción: 24/05/2009

MensajeTema: Lucifer   Dom Mayo 24, 2009 11:50 am

Nombre: Samael, Lucifer, Lucero del Alba, entre otros, la mayoría menos amables…

Edad: Eones, algunos más que la Creación.

Raza: Ángel caído

Alineamiento: Caótico Maligno

Ocupación: Anteriormente fue la mano izquierda de Dios, encargado de modelar y supervisar la creación de los mundos; posteriormente se convirtió en rebelde y líder del ejército opositor; tras su caída, ostentó el título de Señor del Infierno y sus huestes, aunque debido a la cantidad de trabajo y las nuevas depravaciones inventadas por los mortales, decidió ceder parte de sus dominios a Belcebú y Mefisto siendo así, co-gobernantes del Infierno.
Hoy en día es dueño de un club nocturno en el Centro de Armagedon llamado Lux.

Descripción Física: la apariencia física que ha adoptado para caminar por el mundo consiste en un hombre joven y rubio; peligrosamente bello, carismático y cautivador; anda por ahí bien vestido, alejándose de la figura de demonio repulsivo de patas de chivo y perilla puntiaguda que algunos párrocos se empeñaron en popularizar siglos atrás. En su mirada todavía brillan con intensidad las llamas del infierno cuando se le mira fijamente, cosa que casi ningún mortal o inmortal se empeña en comprobar. Su rostro suele mantenerse marmóreo e imperturbable ante el resto del mundo, así como su tono de voz calmado y quedo, como si el destino de este y de sus habitantes, no le interesasen lo más mínimo.

Descripción Psicológica: orgulloso, altanero y astuto. También soberbio y confabulador; es un auténtico demonio sin escrúpulos, que obedece a sus intereses y arrasa con todo aquel que se interponga en su camino. Quizás, y aunque él nunca lo admitiría y, de hecho, haría pasar los peores tormentos a quien siquiera insinuara esa idea, puede que se parezca bastante a los seres humano (al menos por lo que a la parte malvada se refiere, claro).
Se siente muy a gusto con su retiro voluntario ya que vuelve a ser dueño de su propia existencia y no hay en el mundo nadie a quien tenga que rendirle cuentas (salvo quizás, a Miguel…). Ahora contempla como los hijos de Eva se destruyen unos a otros mientras su mundo se derrumba como un espectador en un teatro, se regodea por dentro aunque no lo exprese.

Habilidades: aunque su poder se encuentre soslayado tras haber abandonado el título de Señor del Infierno, sigue siendo un poderoso ángel caído. Como no podía ser de otro modo, domina el fuego, tanto el elemental, como el infernal; su promoción a demonio le valió para pervertir la magia sagrada o poder divino en energía negativa o poder oscuro (crear oscuridad, lanzar esferas de energía demoníaca, rayos…), como contrapartida, ese mismo poder divino que una vez lo creó ahora le es completamente perjudicial y tóxico, siendo una de sus mayores vulnerabilidades.
En sus mejores épocas fue un serafín moldeador de mundos y en su peor época (desde el punto de vista de sus hermanos piadosos…), fue el padre de lo que se mal llamó magia negra; fuera de sus dominios todavía conserva bastantes aptitudes para utilizar la magia en su versión más ritualista y simbólica.

Historia: Fue un ángel bello y puro, algunos dicen que el más perfecto hasta la fecha… aunque también puede que sólo lo dijeran para usar su orgullo de pretexto para explicar una sangrienta rebelión en los Cielos. Como explicaron los vencedores, aquel fatídico capítulo de su existencia poco le importó pues resultó ser el menor de sus problemas cuando lo lanzaron contra la Creación y lo convirtieron en Rey de los Condenados. Desde que el mundo es mundo se ha encargado de todos aquellos que no han interesado a las Altas Esferas, cierto es que en muchas ocasiones ha tenido algo que ver en que sus arcas se llenaran de almas, pero digamos que era su sutil forma de decir a los de arriba “Os equivocabais”; esta lucha se hubiese eternizado mientras existiera un alma con libre albedrío en la faz de las Creaciones pero un día…

<< Era un día caluroso en el Infierno, bueno, casi todos lo eran, o extremadamente asfixiantes o tremendamente fríos… la cuestión era que hasta el más mínimo movimiento supusiera un tormento, que incluso pensar resultara ser en extremo doloroso. En ese día caluroso (o bien podía haber sido de noche si no fuera por el brillo de las llamas que abrasaban los cuerpos de los de por sí ya carbonizados condenados), un pequeño demonio de orejas grandes y puntiagudas se dirigía hacia el palacio del monarca; se podría decir que corría como alma que lleva el diablo pero en realidad corría como diablo que lleva un importante comunicado.
Por el camino no pudo evitar dar un empujón a un desgraciado de los muchos que se encontraban allí, provocando que se precipitara en un gigantesco artefacto parecido a un molinete de pimienta que se encontraba unos cientos de metros más abajo. El ingenio funcionaba del siguiente modo: los dientes del molinete eran cristales afilados que como dientes de un tiburón, cuando se desprendían o rompían, volvían a brotar. Su función era justamente hacer lo que se supone que debe hacer un molinete de pimienta pero a escala titánica y sustituyendo las bolas de pimienta, por cuerpos de personas. Debido a ese trabajo, en la parte inferior se precipitaban, entre otras cosas, infinidad de cristales sobre los condenados que se encontraban descalzos y encadenados en la base del mecanismo haciéndolo girar.

El diablillo se asomó por el precipicio y esperó al inconfundible grito de dolor del que allí había lanzado, aunque tuviese prisa, él era un profesional. Asintió con aprobación al verificar que el sistema de economía de esfuerzos que habían plagiado al mundo exterior siglos atrás funcionaba a las mil maravillas y continuó con su urgente misión.
Iba a entrar atropelladamente en la estancia donde se encontraba Lucifer, pero un suceso inesperado se cruzó en su camino. Tal suceso no fue otro que el susodicho ángel caído abriendo la misma puerta por la que iba a entrar el diablillo provocando así que a parte de hacerle ver las estrellas, le proporcionara una idea para inventar un nuevo tormento. Recuperándose en tiempo record del portazo, corrió una vez más como ya se ha comentado más arriba, en pos de su Alteza.

- ¡Señor Lucifer! ¡Señor Lucifer! Traigo aquí un comunicado del Cielo, parece que… resulta que… el Cread… bueno ese, ha…El diablillo enarbolaba el documento mientras trotaba al lado del monarca que en ningún momento hizo atisbo de detenerse a atender al mensajero.

- Ha desaparecido, lo sé. Dijo con su acostumbrado desdén.

El emisario se sintió algo decepcionado, pero ese es un sentimiento poco adecuado para un diablillo y en seguida fue sustituido por un odio aberrante a los chicos del departamento de telecomunicaciones, los cuales serían los primeros en la lista de “voluntarios para probar la efectividad del calvario “Portazo en las narices””.
- Entonces vamos a cargar contra las puertas del Cielo, ¿no? Es nuestro momento, ¡vamos a reventar a esas malditas gordas-toca-arpas-emplumadas!

- Por mi os podéis ir todos juntos al Infierno, yo claudico.

Por segunda vez desde que empezara a correr (sin contar el desafortunado encuentro con la puerta de hierro fundido) el diablillo se quedó quieto y observando la escena, esta vez con la boca tan abierta como los ojos mientras patidifuso contemplaba que Lucifer vestía ropa de calle más propia de un hijo de Eva que de un demonio y abría las Puertas del Infierno sin vacilar.

- ¡¿QUË?! Pero… pero… su Alteza no puede…
En un acto reflejo se tapó la boca con las manos a la vez que mordía el comunicado pretendiendo que las palabras que acababa de pronunciar volvieran a su interior. Fue el único momento en el que Lucifer le dirigió una de esas miradas que te hielan la sangre aunque te encuentres en el mismísimo infierno.
El terror que le había inspirado al diablillo pareció ser suficiente para calmar en parte los ánimos del monarca, el cual se detuvo encendiendo un cigarrillo, dio una profunda calada y se dispuso a dar sus últimas instrucciones.
- Me encuentro cansado, hastiado de todo cuanto me rodea, me he convertido en un esclavo de mi propio reino… ya va siendo hora de tomarme unas buenas vacaciones y ser mi único dueño.

El pequeño sirviente se lo quedó mirando como si se tratase de un desconocido pues nunca lo había escuchado hablar así. A pesar del riesgo que entrañaba cuestionar la decisión que parecía firmemente tomada, la tentadora curiosidad pudo más y finalmente se atrevió a decir:

- ¿Y qué pasará ahora con el Infierno mi Señor Lucifer?

El ángel caído arqueó una ceja mientras seguía fumando y tomándose su tiempo le contestó.

- ¿Crees que me importa lo más mínimo? Va siendo hora que el Cielo se ocupe de los desperdicios que ellos mismos generan.
Eso fue demasiado para la mente simple del diablillo que estalló en una furia nacida del miedo, la rabia, la impotencia y el sentirse despreciado. Gritó y dijo tales improperios que los demonios de las inmediaciones que los escucharon se quedaron pálidos. Si a eso, le sumamos a quién iban dirigidos… la sorpresa fue aún mayor.

- ¡Serás perseguido por todo el Infierno allá donde vayas bastardo!
– Dijo finalizando la retahíla de insultos.

Para cuando fue proferida la innocua amenaza Lucifer ya había cruzado las puertas de su anterior reino y respiraba el aire extrañamente fresco que recorría la llanura del primer círculo. El ex-monarca pareció hacer oídos sordos a la afrenta y distraído, arrojó lo que quedaba del cigarrillo prendido por encima de su hombro al interior del Infierno mientras las maléficas puertas se volvían a cerrar a su espalda. Cuando las pesadas hojas de la puerta se cerraron un fuego devastador nació del cigarro extendiéndose como napalm por todo el Infierno a modo de claudicación y despedida personal y dolorosa de cada uno de los allí presentes.>>

Meses después, tras haber visitado varias playas paradisíacas y haber disfrutado de todos los placeres que se le pueden ofrecer a un demonio, se anunció en Armagedon la apertura de un club nocturno llamado Lux, donde gozar de una copa, buena música y mejor compañía. Un lugar como el Infierno, abierto a todo el mundo; y como el Cielo, donde no se toleran la violencia bien sea, contra los clientes o el personal.
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MensajeTema: Re: Lucifer   Lun Nov 16, 2009 10:51 am

Seas bienvenido Lucero del Alba

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