Como reconocimiento a los pecados cometidos en vida y del mismo modo que en el Edén existe un espacio particular para el recreo de las almas de las personas buenas; en el Infierno continuamente los demonios se encargan de crear prisiones y martirios únicos para las almas que han demostrado ser dignas de tal honor tras realizar actos calificables de aberraciones que iban más allá de los castigos (redenciones) habituales.
Todo tipo de sufrimiento imaginable en las mentes de los seres infernales se prepara y ejecuta con la acostumbrada profesionalidad que caracteriza a los demonios dedicados a ello.